Un Dios misericordioso

¿Dudas en acercarte de nuevo a Dios cuando sientes que le has fallado? 


¿Te ha pasado que en vez de acercarte a Dios después de fallar te alejas por vergüenza o sentirte indigno? Personalmente a mí sí, muchas veces. Esto suele pasar porque no conocemos u olvidamos cual es la naturaleza de nuestro Dios. Pensamos que tenemos un número limitado de veces en las que nos perdonará y nos permitirá acercarnos de nuevo.






¿Sabes que es la misericordia? Tal vez es una palabra que has escuchado y aún más si alguna vez has abierto la Biblia. Para ser exactos, esta palabra se menciona 386 veces en ella. 

La misericordia es un sentimiento de simpatía y compasión que se experimenta ante el sufrimiento y la miseria de los demás, y que conduce al perdón, a mostrar amabilidad y benevolencia, y a intentar ayudar o aliviar el dolor del otro.



Tenemos un Dios misericordioso


El Señor es compasivo y misericordioso,

lento para enojarse y está lleno de amor inagotable.

(Salmo 103:8)


Para poder entender cómo es que Él puede tener misericordia de nosotros aun fallemos una y otra vez, debemos de comprender que Dios no piensa como nosotros. El mismo lo dice en Isaías 55:8-10: "Yo no pienso como piensan ustedes ni actúo como ustedes actúan. Mis pensamientos y mis acciones están muy por encima de lo que ustedes piensan y hacen: ¡están más altos que los cielos! Les juro que así es." La naturaleza de nuestro Dios es ser misericordioso. No es misericordioso con nosotros porque hagamos buenas obras o porque lo merezcamos. Simplemente esa es su naturaleza y no puede negarse a sí mismo. El mayor ejemplo y acto de misericordia y amor de Él hacia nosotros fue entregarse a sí mismo en la cruz.


Sin embargo, Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos hizo justos a sus ojos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna.

(Tito 4:1-7)






Aunque nosotros pensemos que Dios desea que nos apartemos de Él cuando pecamos, Él desea completamente lo contrario, desea que volvamos a Él, pero su única condición es que sea de todo corazón y sinceramente arrepentidos de lo que hayamos hecho.  


No se desgarren la ropa en su dolor sino desgarren sus corazones. Regresen al Señor su Dios, porque él es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable. Está deseoso de desistir y no de castigar.

(Joel 2:13)





Siento que a veces olvidamos que Jesús vino al mundo y adoptó la condición de humano como nosotros. Él más que nadie puede comprender que habrá situaciones que nos harán fallar. Él, así como nosotros experimentó las emociones y circunstancias por las que atravesamos día a día. Jesús no es un Dios que no pueda comprenderte. Pablo nos recuerda esto en Hebreos 4:15-16:


Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.


Asi que la siguiente vez que falles, lo reconozcas y estés arrepentido, no dudes en volver a Jesús. Él te ama, es misericordioso y desea restaurarte. 



Esto será para mí como en los días de Noé: Como juré que las aguas de Noé nunca más pasarían sobre la tierra, así he jurado que no me enojaré contra ti ni te reprenderé. Aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben, mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible, ha dicho el SEÑOR, quien tiene compasión de ti.

(Isaías 54:9-11)










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